Tenías las manos calientes y te sudaban un poco. En cambio, mantenías la mirada firme, directa. Me perdí en el color de tus pupilas, tan verdosas, tan marrones… Ojos que había observado mucho y muy de cerca. Ojos que me habían visto crecer, reír y llorar. Me cogías del brazo como si nunca te hubieras […]




